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Qué ver en Bielorusia Brest

Qué ver en Bielorusia

Brest

Atracciones turísticas Brest

Brest está ubicada al suroeste de Bielorrusia, en la frontera con Polonia. Capital de la provincia homónima, está a unos 350 km de Minsk. La ciudad fue una ruta comercial importante entre Alemania y la URSS. Es una de las ciudades más antiguas del país, con orígenes que datan del siglo XI. Cuenta la leyenda que unos comerciantes que pasaban por este punto clave de comunicaciones se detuvieron frente a un pantano que parecía imposible de cruzar. Para lograrlo, lo cubrieron con cortezas de abedul y al atravesarlo, notaron que el curso natural de los dos ríos formaba una isla. Al regresar, decidieron quedarse un tiempo en este lugar tan acogedor y fundaron Brest. Durante el reinado de Nicolás I, se construyó la parte antigua de la ciudad y la legendaria Fortaleza de Brest en ese sitio. En el centro urbano de Brest se respira un ambiente tranquilo. Destacan sus bulevares y calles como Gogol, bordeada por viejos castaños, y Sovetskaya, conocida como el “Broadway de Brest”, que cuenta con una arquitectura cuidada, tiendas, restaurantes y pintorescos cafés. Cada día al atardecer, un farolero vestido a la antigua con sombrero y uniforme sube a una escalera para encender manualmente las farolas de queroseno de la calle. Tras este curioso ritual, se encienden las luces del resto de la ciudad. Otras zonas agradables para pasear son la ribera del río y el Parque 1 de Mayo. Sin duda, la principal atracción turística de la ciudad y una de las más populares del país es la Fortaleza de Brest. La construcción del puesto militar más occidental del imperio soviético se realizó al oeste de la ciudad y finalizó en 1842. Los canales de los ríos Bug y Mujávets formaban islas, por lo que la fortaleza se dividió en 4 fuertes. El antiguo Castillo de Brest fue demolido para levantar la fortificación sur. La norte se erigió en el distrito donde había muchas casas particulares y la oeste, en la rama occidental del Bug. Las tres protegían a la Ciudadela, que albergaba un cuartel de ladrillo de dos plantas, y se unían a ella mediante puertas acorazadas y puentes. La muralla se consideraba infranqueable por sus paredes de 10 metros de altura y 2 metros de grosor, 500 casamatas armadas, cúpulas acorazadas de artillería y fosos antitanques. Pero el 22 de junio de 1941, la artillería alemana atacó por sorpresa a los soldados del Ejército Rojo, dando inicio a la Operación Barbarroja. Se estimaba que tomar el control llevaría 8 horas, pero los defensores de la Fortaleza de Brest resistieron heroicamente más de un mes. Fueron 8 días de bombardeos aéreos y asedios terrestres en los que miles de balas y fragmentos de proyectil atravesaron las paredes de las barracas, hasta que los últimos sobrevivientes del asalto se refugiaron en los sótanos, quedando atrapados sin agua ni comida. Los alemanes usaron lanzallamas para hacerlos salir de su escondite subterráneo, pero tampoco fue suficiente. En sus muros aún hoy se puede leer “me muero pero no me rindo. Adiós madre patria”. La “heroica derrota” llegó, pero es un hecho que la Alemania nazi subestimó el valor del ejército soviético. Cada año, durante la noche del 21 de junio, veteranos de todas las regiones de la antigua Unión Soviética se reúnen en la fortaleza para celebrar una vigilia que recuerda los hechos ocurridos. Tras la ceremonia, soldados y guardias fronterizos depositan coronas de flores sobre las aguas del río Bug occidental en honor a las personas que sacrificaron sus vidas mientras luchaban contra el nazismo. En 1971 se inauguró el recinto conmemorativo cuya entrada es una gran estrella tallada en un bloque de hormigón que conduce a las ruinas de la antigua “Fortaleza héroe”, a los cuarteles reconstruidos, al puesto fronterizo aún operativo y a la Plaza de Ceremonias donde está encendida la llama eterna de la victoria y se encuentran las ruinas del Palacio Blanco y el Museo de la Defensa de la Fortaleza de Brest. Al lado, el Obelisco de Bayoneta en acero de titanio, el Panteón de la Gloria bajo el cual hay más de mil cuerpos enterrados y unas colosales esculturas monolíticas grises talladas en roca maciza que impresionan por su enorme tamaño. “La Valentía” representa la cabeza de un soldado del Ejército Rojo con una expresión facial que refleja preocupación y dolor por el ataque nazi. “La Sed” muestra a un luchador herido que se arrastra por el suelo para bajar al río Bug de noche y recoger agua en su casco, acción que tuvieron que realizar para sobrevivir. También hay una colección de tanques rusos, muestra de la flota terrestre que usó el Ejército Rojo. Desde los sucesos ocurridos en este lugar durante la Segunda Guerra Mundial, la Fortaleza de Brest es mucho más que un conjunto de edificaciones que homenajea a las víctimas. Es un símbolo de patriotismo y sinónimo de perseverancia, valentía y fe en la victoria que finalmente llegaría años después.

Por ahora no tenemos ningún viaje a Brest.

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